Tercer pergamino

XVI die ante kalendas Decembrinas

Las noticias parecen llegar con más presteza de la que esperaba. Esta misma noche mi padre me ha comunicado que en cuanto pasen las Saturnales de este año, conoceré a mi futuro marido.

En cuanto he sido informada de ello, prácticamente he visto disueltos mis planes de continuar estudiando literatura griega y latina.
Por suerte o por desgracia, conozco a mi futuro marido, y es que no es ni más ni menos que el escriba de Publio Herennio Severo, Marcus de la familia Fulvia. Nos hemos cruzado un par de veces cuando asistía a las clases de literatura de Ifigenea en la domus del patricio.
Es un joven de alta estatura, con el pelo negro y los ojos marrones, las pocas veces que lo he visto siempre mostraba una mueca de concentración o una expresión completamente apática. No lo conozco lo suficiente como para saber si será de mi agrado, pero el matrimonio no se basa esencialmente en el amor...
Marcus Fulvius vive al otro lado del jardín de la inmensa domus de Publio Herennio Severo, a tan sólo siete calles de aquí cruzando el foro.

Por la pedregosa calzada de nuestra calle ya se ven desfilar los carros en dirección al foro con suntuosas mercancías. Bien para el patricio o bien para la celebración de las Saturnales.
Al asomarse a la ventana uno puede ver pasar los carromatos sobre las piedras alisadas por la erosión de las ruedas, además de encontrarse con vecinos agradables (y no tan agradables).

Segundo pergamino

XVI die ante kalendas Decembrinas

Las Saturnales se aproximan. Dentro de dos días comenzarán las festividades en honor a Saturno y toda la ciudad se agita de emoción ante la inminente llegada de la fiesta de los esclavos.

En casa ya hemos preparado algunas velas para cuando llegue el esperado día, pero sigo pensando que mi madre desearía que mis pergaminos cayeran "accidentalmente" sobre alguna candela encendida para que pueda mirar otra cosa que no sean papeles.

Por las conversaciones que se oyen desde la habitación que compartimos mi hermana y yo, parece ser que mi madre y mi padre han encontrado algún joven interesado en mí, pero la simple idea me produce ciertos escalofríos. ¿Herennia Liberata, casada? ¿Yo? ¿A quién se le ha ocurrido esa majadería?

Por el momento sólo queda esperar a que me lo anuncien oficialmente, pero por las miradas sagaces que mi madre me dirige... no creo que falte mucho para eso.

Primer pergamino


VI die ante Nonas Decembrinas

El día a día en Valentia nunca se ha caracterizado por la monotonía, sobretodo en esta época del año, donde las fiestas de los patricios comienzan a ser casi constantes gracias al buen comercio que ofrece la ciudad.

Observo con atención a los barcos que zarpan desde el puerto, desafiando al mar con sus cascarones de madera y desplegando sus velas para que Eolo impulse el transporte con su poderoso viento.

Cada vez que viajamos al puerto, tomo asiento frente al mar y pienso en los extraordinarios viajes a Grecia que podría efectuar y las maravillosas historias sobre Delos que mi tutora Ifigenea me transmitió en el tiempo en el que estuvo en Valentia.
En particular, ansío visitar Delfos, donde mi hermana Celeste pronto contraerá matrimonio con un adinerado patricio de la isla. Cuenta los días para ver atracar en el puerto el barco de su futuro marido, cargando con los regalos de bodas para la familia y esperando volver a Grecia con nosotros tres a bordo para la ceremonia.

Cada vez que surge el tema en mi hogar, la familia entera opina que ya estoy en edad de contraer matrimonio, pero logro refugiarme entre los pergaminos de literatura latina antes de que comiencen a discutir sobre los mejores candidatos para mí.
Publio Herennio Abascanto, mi padre, contradice siempre con fervor las sutiles quejas de mi madre ante mi "vida entre papeles, pergaminos y libros". Herenia Rústica, mi madre, siempre ha sido algo reacia a que reciba la educación que poseo, pues ella preferiría que me centrara en mi futuro familiar, mas la posición de mi padre frente a esto siempre ha sido la misma "Una mujer no podrá escuchar a un hombre si no entiende lo que oye".

Al vivir cerca del foro, cada día se ven pasar carros llenos de mercancías lujosas en dirección a la domus del patricio más adinerado de Valentia, Publio Herennio Severo. Al parecer volverá a hacer fiestas pronto para celebrar pues, a pesar de las frías temperaturas que azotan las costas de esta ciudad, el comercio no se interrumpe por medios terrestres o marítimos y Publio Herennio continúa abarcando riquezas.