Ante die quintum kalendas februarius
Se aproxima el cumpleaños de la patricia más importante de Valentia, pero desgraciadamente no podré asistir a las celebraciones, pues mañana mismo llenarán la ciudad entera de colores y flores en su honor y mi familia y yo nos marchamos esta noche.
El barco llegará esta tarde para trasladarnos a la costa de Grecia y de allí iremos en carros y a caballo hasta Delfos.
Celeste está pletórica y ansiosa por ver a su futuro esposo, y no la culpo, han pasado mucho tiempo sin verse mientras él ha estado haciendo los preparativos para el enlace en la ciudad.
Sin embargo cada vez que habla de su futuro marido, no puedo evitar acordarme de la desastrosa presentación formal entre la familia de Marcus Fulvius y yo.
Hablando delicadamente, fue un completo fracaso.
El padre de Marcus se negó en rotundo a permitir que, una vez unidos en matrimonio, yo continuara mis estudios de literatura, ante lo cual mi padre protestó enérgicamente.
Ambos discutieron acaloradamente por esto mientras mi madre apoyaba por completo la postura contra mis estudios y Marcus y yo permanecíamos callados mirando al suelo.
Finalmente Marcus intercedió a mi favor diciendo que eso sería decisión suya, tomando responsabilidad de mi documentación literaria personalmente uan vez nos hayamos casado.
Debo reconocer que eso fue agradable de escuchar, pues todo indicaba que gracias a su intervención la velada continuaría con tranquilidad, pero hubo otra pequeña discusión sobre el vestido de la boda hasta que mi hermana Celeste agregó que seguramente su futuro marido quisiera correr con una parte de los gastos del vestuario para el enlace.
No sé si agradecerle a Celeste o lamentar que interviniera, pues ahora han pensado en celebrar una gran fiesta tras la boda, a diferencia de la fiesta íntima que yo había pensado tener.
No nos hemos vuelto a ver desde entonces y sinceramente creo que eso es lo mejor, si no podría apostar un par de sandalias nuevas a que nuestros padres volverían a entrar en conflicto respecto a algún asunto de mi futura boda.
A mi lado mi hermana contiene grititos de emoción por la proximidad de la llegada del barco.
Saldremos de casa en unas horas, por lo que esta misma noche embarcaremos.
Espero poder disfrutar de la boda de mi hermana al menos una mínima parte de lo que ella va a disfrutarla. Realmente le deseo lo mejor.
Se aproxima el cumpleaños de la patricia más importante de Valentia, pero desgraciadamente no podré asistir a las celebraciones, pues mañana mismo llenarán la ciudad entera de colores y flores en su honor y mi familia y yo nos marchamos esta noche.
El barco llegará esta tarde para trasladarnos a la costa de Grecia y de allí iremos en carros y a caballo hasta Delfos.
Celeste está pletórica y ansiosa por ver a su futuro esposo, y no la culpo, han pasado mucho tiempo sin verse mientras él ha estado haciendo los preparativos para el enlace en la ciudad.
Sin embargo cada vez que habla de su futuro marido, no puedo evitar acordarme de la desastrosa presentación formal entre la familia de Marcus Fulvius y yo.
Hablando delicadamente, fue un completo fracaso.
El padre de Marcus se negó en rotundo a permitir que, una vez unidos en matrimonio, yo continuara mis estudios de literatura, ante lo cual mi padre protestó enérgicamente.
Ambos discutieron acaloradamente por esto mientras mi madre apoyaba por completo la postura contra mis estudios y Marcus y yo permanecíamos callados mirando al suelo.
Finalmente Marcus intercedió a mi favor diciendo que eso sería decisión suya, tomando responsabilidad de mi documentación literaria personalmente uan vez nos hayamos casado.
Debo reconocer que eso fue agradable de escuchar, pues todo indicaba que gracias a su intervención la velada continuaría con tranquilidad, pero hubo otra pequeña discusión sobre el vestido de la boda hasta que mi hermana Celeste agregó que seguramente su futuro marido quisiera correr con una parte de los gastos del vestuario para el enlace.
No sé si agradecerle a Celeste o lamentar que interviniera, pues ahora han pensado en celebrar una gran fiesta tras la boda, a diferencia de la fiesta íntima que yo había pensado tener.
No nos hemos vuelto a ver desde entonces y sinceramente creo que eso es lo mejor, si no podría apostar un par de sandalias nuevas a que nuestros padres volverían a entrar en conflicto respecto a algún asunto de mi futura boda.
A mi lado mi hermana contiene grititos de emoción por la proximidad de la llegada del barco.
Saldremos de casa en unas horas, por lo que esta misma noche embarcaremos.
Espero poder disfrutar de la boda de mi hermana al menos una mínima parte de lo que ella va a disfrutarla. Realmente le deseo lo mejor.